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El valor de la vida en el ámbito laboral

Operaciones en mantenimiento edificios

Las operaciones de mantenimiento en edificios no deben presentar sobre el papel, una diferencia notable sobre idénticas operaciones en diferentes sectores (industrial, logístico, etc…) en referencia a los mecanismos de PRL, a adoptar en el transcurso de los trabajos.


Como aspectos diferenciadores que puedan tener implicaciones en nuestras consideraciones preventivas podríamos apreciar entre otros :

a) Ubicación del edificio: zonas urbanas, linderos…
b) Uso del edificio: inquilinos, ocupantes y/o público
c) No necesidad de “parada” al modo industrial
d) Otros


Así pues, conjugaremos estas características con el normal desempeño en todo tipo de operaciones para configurar unos protocolos generales de actuación, capaces de alinear nuestras tareas con el cumplimiento legal en esta materia y con la sensibilidad preventiva que la sociedad, nuestros trabajadores y nuestros clientes, esperan de nosotros.


Toda empresa de mantenimiento conjugará varios “roles” en materia preventiva:


1. Empresario: Sobre sus propios trabajadores y herramientas, maquinaria, equipos de trabajo, etc.
2. Contratista: en cuanto ejecuta directamente contratado por la propiedad del edificio o sus representantes
3. Empresario “principal”: si subcontrata otras empresas o autónomos como complemento a sus labores.
4. Empresa “concurrente”: al participar en un centro de trabajo ajeno, donde desplaza a sus trabajadores con posibilidad de interferencias con otras empresas, ocupantes, terceros….


Por ello y tras conocer estos papeles, deben acometerse las tareas encaminadas a dotar de “Seguridad” cada una de las situaciones enumeradas.


1. Como EMPRESARIO: Cumpliremos con todas las indicaciones de la ley marco 31/1995 sobre Disposiciones de Seguridad y Salud, en especial atención a los deberes para con nuestros trabajadores (y subcontratados) en materias tales como :

- Información y formación
- Reconocimientos médicos
- Equipamiento de protección
- Vigilancia y control, etc.
Igualmente nuestras máquinas y herramientas atenderán a los controles y revisiones establecidas para asegurar su buen funcionamiento.


2. CONTRATISTA: Como mandatario de la propiedad o de su representante, estableceremos y atenderemos a las cláusulas de PRL indicadas en los contratos, debiendo contemplar aquellas que, expresamente, aporten deberes y obligaciones característicos de nuestro encargo. Se entiende que aparecerán también otras de carácter generalista de obligado cumplimiento aun cuando no se mencionaran.


3. EMPRESARIO PRINCIPAL: Sobre aquellas tareas “subcontratadas” por la empresa mantenedora a otras empresas o autónomos. Frente a ellos, se ostenta el mando y por ello, la responsabilidad frente a sus acciones de manera similar a si fueran trabajadores, herramientas o equipos propios. Fundamental en este apartado es transmitir y controlar de forma adecuada, sin caer en “dejadez”, por el hecho de mediar una relación mercantil en cadena.

4. EMPRESA CONCURRENTE: Esta condición se adquiere de la ubicación de nuestros trabajadores en centros de trabajo ajenos. Además, la concurrencia vendrá marcada por las interferencias potenciales con :

- Otras empresas concurrentes (otros mantenedores, servicios, …)
- Inquilinos o usuarios
- Público, terceros …
- Que puedan coincidir en el tiempo y/o en el espacio y sobre los cuales precisemos tener una coordinación eficaz para evitar los riesgos y combatirlos preventivamente.


Centraremos en este último apartado (empresario concurrente), el enfoque de la exposición por cuanto entendemos que, al no depender plenamente de nosotros, se presenta como punto relativamente más novedoso (RD 171/2004 sobre Coordinación de Actividades Empresariales).


Es básico y fundamental para poder conseguir este objetivo de PRL en operaciones de mantenimiento en edificios que exista :


1- Intercambio de información de riesgos entre titular y empresa de mantenimiento.
2- Coordinación de Actividades Empresariales: Resuelva previamente cualquier interferencia.


Dentro del Intercambio de Información, observamos con especial “alarma” cómo muchos edificios y sus propietarios (gestores), no son capaces de aportar la información necesaria, es decir :


a) Información de Riesgos de zonas comunes
b) Información de Riesgos de otros intervinientes con afección a nosotros
c) Medidas de Emergencia: Planes de Emergencia/Planes de Autoprotección

Sin esta información, difícilmente podremos adecuar nuestras tareas de forma completamente “segura”. Al igual que nos impide la transmisión a nuestros trabajadores y subcontratistas de la información completa, también es cierto que en otras ocasiones para prevenir los riesgos, son las empresas de mantenimiento quienes NO aportan la información de riesgos que sus operaciones puedan producir a terceros. Aquí conviene diferenciar el error habitual de trasladar al titular o su representante la evaluación de riesgos de la empresa. No se trata, ni es de su incumbencia (titular), conocer ni trasladar a otros entes información empresarial, encaminada a prever los riesgos de nuestros trabajadores, NO.


Se trata de exponer las situaciones que se darán en ese centro de trabajo con la aparición de nuestros equipos y por ende, cual es la interferencia y el riesgo añadido que aportaremos para quienes concurran en el edificio.
Dado que posiblemente convivamos con otras empresas de otra índole en el momento de las operaciones, recibiremos igualmente otra información similar a la aportada por nosotros, indicándonos nuevos riesgos producidos potencialmente por estas empresas.
Esta información deberá contemplarse junto a nuestra evaluación de riesgos “propios” y su conjunto servirá para trazar las indicaciones y medios preventivos a adoptar para nuestros trabajadores y subcontratas.
Igualmente el titular nos debe hacer llegar las indicaciones logísticas y de riesgo con sus medidas preventivas en aquellos lugares de trabajo donde desarrollaremos las operaciones (cubiertas, plantas técnicas, sótanos…), que deberán estar “aseguradas” por el propio inmueble (señalización, iluminación, ventilación, protecciones colectivas, puntos anclaje, …)

Como complemento al trasvase de información previa al comienzo de los trabajos, tenemos que recibir también las instrucciones sobre emergencia y autoprotección, de manera que nuestros trabajadores puedan actuar ante tales supuestos, de la manera contemplada en esos manuales.


Una vez concluida la fase de intercambio de información, debería establecerse por el titular alguna reunión, entre su representante en materia de Coordinación de Actividades Empresariales y las empresas participantes, de manera que se conozcan con detalle las interferencias posibles y se aclaren dudas siempre existentes, con carácter previo al arranque de los trabajos.
Obviamente en operaciones correctivas de urgencia, esta fase tendrá mayor dificultad por la escasez de tiempo propio de la necesidad.
Tan sólo restará al titular, informar a los ocupantes y/o terceros que puedan verse afectados por alguna incidencia en esta materia, de las medidas acordadas en aras de evitar/minimizar los riesgos potenciales que la actividad del mantenedor aportará momentáneamente.

Por parte de las empresas mantenedoras, recalcar el papel de “transmisor” sobre cuantas otras empresas hayan contratado servicios, de manera que se asegure la recepción adecuada de la información preventiva.
En ocasiones, estas tareas preventivas se simplifican erróneamente por unos intercambios documentales que, siendo necesarios y recomendables frente a la cobertura también de responsabilidades futuras, simplifican en exceso y pretenden sustituir la coordinación de actividades en su conjunto de operaciones.

Nuestras recomendaciones finales serían:


1. Aportar y exigir información preventiva ajustada a la necesidad concreta.
2. Trasladar a nuestra organización y empresas subcontratadas, todas las indicaciones asegurándonos llegar a los operarios que han de llevar a cabo los trabajos.
3. Participar en actividades de coordinación necesarias (reuniones, visitas, etc.), que nos aseguren el entendimiento total y colectivo del operativo.
4. Documentar lo anteriormente expuesto de cara a poder cubrir, tanto nuestra responsabilidad directa/solidaria/subsidiaria, como los requisitos para el control de accesos del titular sobre el edificio.
5. Apoyarnos en los especialistas en PRL cuando las situaciones lo requieran, principalmente como asesores y coordinadores más que como controladores o vigilantes de la acción.

Con esto y el sentido común de todos los participantes, conseguiremos que las operaciones de mantenimiento, por complejas que sean, no supongan mayores riesgos hacia los trabajadores, empresas y ocupantes de los edificios a través de una correcta Previsión y Coordinación de las situaciones.

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